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La soledad de los mejillones

Por José Manuel Barquero
martes 19 de marzo de 2024, 06:00h
Tiene su gracia la soltería, pero los casados deberían entender que puede llegar a aburrir tanto o más que el matrimonio. Si te puedes hastiar de cenar a cucharadas el mejor caviar iraní no te vas cansar de botar de cama en cama. Con la edad se pierden las ganas, las fuerzas, y sobre todo la paciencia para aguantar pelmazos. Porque, como en las rebajas por internet, es imposible acertar siempre. Así que se van rebajando las expectativas, que es lo mismo que hacen los cónyuges mucho antes de alcanzar las bodas de plata. Pensaste que te casabas con un diamante en bruto. Con los años se va desgastando el diamante pero el bruto permanece.
Los baby boomer célibes, incluso parte de la Generación X, tuvimos que lidiar con el pavor al SIDA cuando aquello parecía la peste del fin de siglo y no existían aún los retrovirales. Recién divorciado, en una primera cita me preguntaron si estaría dispuesto a hacerme las pruebas. Le contesté medio en broma que ni siquiera ese análisis aseguraría al cien por cien que no estuviera contagiado, que habría que esperar meses hasta confirmar el negativo. Así son las cosas, me dijo. Era muy guapa. Acabé el tiramisú, pedí la cuenta y no la volví a ver. Eran tiempos difíciles, pero todo es susceptible de empeorar.
A cierta edad todos acarreamos una mochila más o menos pesada. Me pregunto en qué momento de una relación entre dos personas maduras se le debería solicitar a la otra parte un certificado de penales, o el de estar al corriente de pago con la Administración Pública, o el de su situación tributaria. En este último caso, ¿le pediríamos información desde que comenzó a pagar impuestos o sólo de los ejercicios fiscales no prescritos?
Todo esto es una broma, claro, porque la presunción de inocencia no sólo es un principio constitucional reconocido como derecho fundamental. También opera en cualquier relación que se presupone sana, sea esta sentimental, profesional, familiar o de amistad. Cuando conoces a una persona la primera pregunta que te formulas no es ¿habrá matado a alguien? o ¿deberá más de 200.000 euros a la Agencia Tributaria? Sino más bien ¿tiene buenos amigos? ¿le quieren? ¿trata bien a su familia? ¿Es de naturaleza generosa o interesada?
Teníamos asumido que la política se ha convertido en una profesión de riesgo, como ser bombero, policía o limpiacristales en un rascacielos. Ya digo que todo es susceptible de empeorar, porque últimamente las consecuencias de pertenecer a un ejecutivo se parecen más a las de tratar de enfriar un reactor nuclear en Chernóbil. La novedad está en la extensión de la onda expansiva a las parejas de los políticos, más o menos recientes, por circunstancias que nada tienen que ver con el ejercicio de su cargo.
No sé si conseguirán matar políticamente a Ayuso filtrando a medios de comunicación datos privados de un ciudadano particular, que casualmente es su novio. Lo que va quedando claro es que si ese novio no lo es para toda la vida, a la presidenta de la Comunidad de Madrid le va a costar encontrar otro como no lo agarre abandonando un monasterio cartujo.
Con la excusa de la trasparencia el nivel de exposición pública de un político llega a adquirir tintes grotescos, como la obligación de detallar las joyas que poseen y la dirección exacta de su propiedades inmobiliarias. Sólo les falta publicar un plano y la caja fuerte marcada en rojo. A este absurdo se añade ahora el riesgo de saltar por los aires para cualquiera que comparta cama con uno de estos artificieros de la política. Tarde o temprano te equivocas de cable y todo explota.
Pase lo que pase con las querellas del novio de Ayuso contra la ministra de Hacienda, la Fiscalía y la Agencia Tributaria, toda esta maniobra pestilente ha cosechado un éxito innegable. De este señor desconocido se ha hablado en la semana más negra de nuestra democracia (la del 23F no fue peor que esta porque acabó bien para los demócratas) mientras un prófugo de la Justicia se cachondeaba en la cara de quienes han borrado de un plumazo sus delitos.
Puigdemont amenaza con volver para ser detenido y lograr con esa foto el mejor póster electoral en Cataluña. De zampar mejillones aislado en el “exilio” a protomártir del independentismo, de la irrelevancia política absoluta al protagonismo estelar. Por este camino veremos antes a Puigdemont presidiendo de nuevo la Generalitat que a Ayuso durmiendo sola. He aquí el gran logro de la amnistía.
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